Separar en origen, compostar y transformar el paradigma de los residuos empieza en el territorio, con vos.
Trabajamos en el territorio para transformar cómo se gestionan los residuos.
La basura no desaparece: enterrada libera metano, uno de los gases de efecto invernadero más potentes.
Separar en origen, compostar y fortalecer el trabajo de recicladoras y recicladores.
Charlas, talleres, acciones y asambleas en los barrios de San Martín y Moreno.
Adhiriendo a la campaña o sumándote como activista, la hacés más fuerte.
Elegí por dónde empezar. Cada tema abre con lo esencial; si querés profundizar, desplegá las fichas.
Casi nada de lo que tiramos es realmente basura. La mayor parte podría compostarse o volver al circuito productivo.
No es un accidente ni una falla del relleno: es lo que pasa siempre que se entierra materia orgánica. Cuatro pasos alcanzan para entenderlo.
Casi la mitad de lo que tiramos son restos de comida, frutas, verduras y verde de poda. En el relleno se compactan y se cubren con tierra.
Bajo esas capas no entra aire. La descomposición pasa a ser anaeróbica: la hacen bacterias que trabajan justamente en ausencia de oxígeno.
Ese proceso libera biogás, compuesto principalmente por metano y dióxido de carbono. Y sigue generándose durante décadas, incluso mucho después del cierre.
Una parte se capta con venteos y se aprovecha; el resto atraviesa la cobertura y llega a la atmósfera, donde retiene hasta 80 veces más calor que el CO₂.
Norte III tiene plantas de tratamiento de gases y generación de energía eléctrica a partir del biogás. Captar es mejor que no captar, pero ningún sistema captura todo: el gas se fuga por la cobertura, por grietas y por las celdas más viejas, y se sigue generando durante décadas.
Por eso la solución de fondo está antes del relleno: si el resto de comida se composta, el metano no se genera. Cada kilo que no se entierra es metano que no hay que capturar después.
A escala global los residuos explican cerca del 20 % de las emisiones humanas de metano, detrás de la ganadería, la agricultura y la extracción de petróleo y gas.
Se entierra el 70 % de los residuos del mundo. No resuelve el problema: lo traslada, y lo convierte en un problema climático.
Los residuos se depositan sin controles ambientales adecuados.
Incorpora tecnología para reducir impactos, pero no es inocuo.
La diferencia es significativa, pero ambos responden a la misma lógica: la disposición final basada en el entierro. Y cada tonelada enterrada tiene un costo: en algunos municipios la gestión de residuos se lleva más del 50 % de los gastos mensuales.
Cuatro complejos activos, uno en post cierre y un solo sitio que recibe casi todo: Norte III, uno de los mayores de América Latina.
Norte III funciona por módulos o celdas que se habilitan a medida que las anteriores llegan a su capacidad. Cuenta con planta de Tratamiento Mecánico Biológico, tratamiento de líquidos lixiviados, plantas de tratamiento de gases con generación de energía eléctrica y planta de compostaje.
Al lado están Norte I y Norte II, usados en las primeras décadas y hoy cerrados. El cierre no borra los impactos: durante años siguen requiriendo monitoreo por lixiviados y por generación de metano.
Una pluma es la nube de gas que sale de una fuente puntual y se estira con el viento. A simple vista no se ve nada: el metano es incoloro e inodoro en el aire.
Los satélites sí la ven. El metano absorbe la luz infrarroja de una manera muy característica, así que donde hay una concentración alta la imagen se apaga en esa longitud de onda. Esa huella es la mancha que aparece en los mapas, y puede extenderse varios kilómetros.
Primero, satélites de barrido amplio revisan el planeta entero y marcan las zonas sospechosas. Después, instrumentos de alta resolución confirman el punto exacto y calculan cuánto gas sale por hora. El Observatorio Internacional de Emisiones de Metano (IMEO) del PNUMA reúne esas detecciones en su sistema MARS y las publica en un mapa abierto: cualquiera puede entrar y ver las plumas sobre el conurbano.
El informe del proyecto STOP Methane de la Universidad de California (UCLA), publicado en la revista Nature, ubicó al Complejo Norte III primero en el ranking mundial de vertederos emisores en 2025, entre los 25 mayores emisores puntuales del planeta.
Para dimensionarlo, el propio informe compara: el impacto anual de ese complejo sobre el calentamiento global equivale al de un millón de camionetas o al de una central eléctrica a carbón de 500 megavatios. Y representa aproximadamente la mitad de las emisiones de residuos sólidos de todo el país, concentradas en un solo lugar.
El estudio calcula las tasas a partir de los datos públicos del portal Carbon Mapper, que registra cuánto metano libera cada sitio cada vez que un satélite lo sobrevuela; el valor informado es el promedio de esas mediciones.
Los residuos se generan en los grandes centros urbanos, pero los rellenos y basurales están en otro lado. En la Ciudad de Buenos Aires no hay ninguno.
Las centralidades del partido se desarrollan en otras localidades. Los impactos —camiones, olores, contaminación del aire, del agua y del suelo, emisiones— recaen sobre territorios que conviven con la disposición final de desechos que ni siquiera consumen.
La exposición prolongada a la contaminación por residuos y quemas puede provocar o agravar:
Los grupos más vulnerables son las infancias, las personas mayores, las mujeres embarazadas y quienes ya tienen enfermedades respiratorias o cardiovasculares. Reducir las emisiones no es solo una política climática: es aire más limpio para quienes viven al lado.
Ya a fines del siglo XIX la Ciudad resolvía sus residuos mandándolos a las zonas bajas de la periferia. Mientras los sectores más urbanizados alejaban la basura de su vida cotidiana, las consecuencias recaían sobre los barrios más alejados. Esa lógica sigue funcionando hoy. Recorré la línea de tiempo:
Las históricas Piletas Marimón fueron durante décadas el punto de encuentro de miles de familias trabajadoras que pasaban el verano disfrutando de la cuenca del Reconquista.
El agua, el verde y el aire limpio formaban parte del patrimonio identitario del partido: la naturaleza cumplía sus funciones de amortiguación hídrica y purificación, integrada a la vida cotidiana de una población que valoraba su río.
Los hechos narrados por Rodolfo Walsh en Operación Masacre ocurrieron en esas zonas semirrurales que ya funcionaban como basurales clandestinos: la basura llegaba en camiones desde San Martín, Villa Ballester, Villa Maipú o Billinghurst.
Setenta años después, en junio de 2026, la Justicia Federal de San Martín responsabilizó al Estado argentino por la planificación y ejecución de los fusilamientos, condenó por delitos de lesa humanidad a Aramburu y Rojas y ordenó acciones de reparación y memoria para las víctimas.
A través de los Decretos-Leyes provinciales N.º 8.782 y 8.912, la última dictadura cívico-militar creó una empresa interjurisdiccional con superpoderes legales que le permitían expropiar tierras de utilidad pública salteándose las autonomías municipales.
Así se centralizó la gestión de los residuos de la Ciudad de Buenos Aires y de gran parte del conurbano. La elección de municipios como General San Martín no fue casual: cercanía con CABA, extensas zonas inundables del río Reconquista y la construcción del Camino del Buen Ayre para mover miles de toneladas por día.
El proyecto se llamaba Cinturón Ecológico Área Metropolitana Sociedad del Estado: prometía un gran cinturón verde alrededor de la ciudad, recuperando tierras bajas mediante rellenos y creando parques públicos y espacios recreativos.
La palabra “Cinturón” fue reemplazada por “Coordinación”, los grandes parques nunca se concretaron y lo que quedó fue un sistema de enterramiento masivo.
Lo que la propaganda militar vendió como una obra de vanguardia ecológica terminó siendo el inicio de un pasivo ambiental sin precedentes.
El 15 de marzo de 2004, Diego Duarte, de 15 años, del barrio Independencia, entró al predio de la CEAMSE junto a otros jóvenes para recuperar algo de valor de la montaña de basura. Al intentar salir fueron descubiertos por policías; se escondieron entre los desechos y los agentes ordenaron descargar un camión sobre ellos. Su cuerpo nunca fue encontrado.
Para los organismos de derechos humanos y su familia, “Diego es un desaparecido más en democracia”. Su figura se convirtió en símbolo de lucha.
La protesta llevó a vecinos y vecinas a cortar el Camino del Buen Ayre y exigir medidas. Una de ellas fue la creación del “Reciparque”, que hoy reúne 10 plantas de reciclado dentro del predio, con el compromiso de garantizar un ingreso y material para cada reciclador y recicladora.
Norte III es el complejo operativo del sistema y uno de los mayores sitios de disposición final de América Latina. Recibe alrededor del 85 % de los residuos del sistema, producidos por catorce millones de personas.
Por fuera del predio, en el Área Reconquista funcionaban entre 15 y 18 plantas de reciclado, algunas con más formalidad que otras. Muchas cerraron: la apertura de importaciones de residuos hizo caer los precios del papel y el cartón, y se sumaron el congelamiento y la disolución de programas de trabajo, el recorte de líneas de subsidios para maquinaria e infraestructura y la baja del subsidio de la CEAMSE.
La historia de este territorio también se escribe desde abajo: en 2022 nació el Foro por la Recuperación del Río Reconquista / Reserva San Martín, y en 2024 se logró una ordenanza municipal que crea una zona de reserva de 150 hectáreas sobre el ex relleno Norte II.
En dos o tres meses los residuos orgánicos se convierten en tierra fértil. Bien manejado, el compostaje reduce hasta un 40 % de lo que tiramos. Cada kilo compostado es un kilo que no se entierra.
La guía completa, la de reciclaje y la de residuos especiales están en los materiales de la campaña.
En 2019 el municipio empezó a abandonar el modelo de recolectar y enterrar a cargo de una empresa privada para avanzar hacia una gestión integral con infraestructura pública, recuperación de materiales e inclusión de recuperadoras y recuperadores urbanos.
La recolección. Se pasó de un esquema privado monopólico de más de 20 años a un sistema mixto que combina gestión municipal con una cooperativa creada por los propios trabajadores recolectores, e incorporó a carreros y cartoneros de Cuartel V. Fue una mejora ambiental y de eficiencia, pero sobre todo un avance de justicia social en un municipio cuya normalidad era convivir con más de 400 basurales, micro y medianos.
La planta de transferencia. Empezó a operar en octubre de 2024 y es una de las pocas habilitadas ambientalmente en la provincia. Al compactar, reduce un 40 % el volumen que entra en cada camión: menos viajes a la CEAMSE y menos huella de carbono en la logística.
Grandes generadores. Una ordenanza obliga a gestionar los residuos con estándares de economía circular, con logística municipal para retirar los reciclables y llevarlos a la planta de reciclado.
Comunitario. 300 puntos verdes en espacios comunitarios y viviendas, más una estación ambiental por localidad con mayor capacidad de acopio.
Domiciliario. Prueba piloto de recolección diferenciada en los barrios Manantiales y Catonas, para ampliar después al resto del municipio.
Son quienes sostienen buena parte del reciclaje que efectivamente ocurre, en un oficio todavía estigmatizado y riesgoso.
Ley de Envases con Inclusión Social. Propone prevenir y minimizar el impacto de los envases pre y post consumo favoreciendo su recuperación y reciclado, y fortalecer el trabajo de las cooperativas de recicladores. Todavía no logró avanzar en el Congreso.
Responsabilidad Extendida del Productor. Quienes fabrican e introducen envases y productos en el mercado deberían hacerse cargo de los costos de recuperarlos y reciclarlos al final de su vida útil.
Tratado Global de Plásticos. Un acuerdo jurídicamente vinculante para más de 180 países que busca poner fin a la contaminación por plásticos. El principal obstáculo es la falta de consenso sobre limitar la producción y regular los químicos tóxicos.
Lo que venimos construyendo juntos, actividad por actividad y barrio por barrio.
Notas en medios, publicaciones en redes y acciones en los barrios, a medida que pasan.
Podés adherir a la campaña, sumarte como activista para llevarla a tu barrio, o pedir que vayamos a dar una charla a tu escuela, club u organización.
Dejanos tu mensaje y te respondemos a la brevedad.
Dónde se va construyendo, actividad por actividad: charlas, talleres, acciones públicas y asambleas cargadas por el equipo territorial.
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